饾悇饾悑 饾悅饾悢饾悇饾悜饾悤饾悗 (饾悡饾悋饾悇 饾悜饾悁饾悤饾悇饾悕)(饾煆饾煐饾煄饾煑-饾煆饾煐饾煉饾煑) 饾悇饾悵饾悹饾悮饾惈 饾悁饾惀饾惀饾悮饾惂 饾悘饾惃饾悶 馃惁‍⬛馃馃拃

 

                              EL CUERVO – THE RAVEN

Aquel celebre relato narra como la noche envuelve al narrador en un manto de melancol铆a. Sentado en su estudio, rodeado de libros polvorientos y retratos descoloridos, intenta encontrar consuelo en la lectura. Sin embargo, sus pensamientos se ven interrumpidos por el sonido de un suave golpeteo en la puerta. Es entonces cuando hace su entrada el enigm谩tico cuervo, una criatura oscura y ominosa que se posa sobre un busto de Palas Atenea, la diosa de la guerra.

Con cada croar, el cuervo repite una sola palabra: "Nunca m谩s"(never more). Esta simple s铆laba, pronunciada con una voz profunda y gutural, se convierte en un eco macabro en la mente del narrador, alimentando sus pesadillas y obsesiones. A medida que la noche avanza, el cuervo se transforma en una presencia constante, una sombra que acecha cada rinc贸n de su alma.

 

La figura del cuervo se convierte en un s铆mbolo de la p茅rdida y la desesperaci贸n del narrador.  Que representa el dolor que siente por la muerte de su amada Leonora, un dolor que lo consume y lo arrastra hacia la locura. Cada croar del cuervo es como una herida abierta que se reabre una y otra vez, record谩ndole la imposibilidad de volver a ver a su amada.

La atm贸sfera del poema es opresiva y claustrof贸bica. Las descripciones detalladas del estudio, con sus sombras danzantes y sus objetos extra帽os, crean una sensaci贸n de inquietud y misterio. La repetici贸n de la palabra "Nunca m谩s" produce un efecto hipn贸tico, como un mantra que se graba en la mente del lector y del narrador.


 EL CUERVO – THE RAVEN

                                                                      Edgar Allan Poe

(1809-1849)


Una vez, al filo de una l煤gubre media noche,
mientras d茅bil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
se oy贸 de s煤bito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada m谩s.”

¡Ah! aquel l煤cido recuerdo
de un g茅lido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo d铆a;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la p茅rdida de Leonora, la 煤nica,
virgen radiante, Leonora por los 谩ngeles llamada.
Aqu铆 ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
me llenaba de fant谩sticos terrores
jam谩s antes sentidos. Y ahora aqu铆, en pie,
acallando el latido de mi coraz贸n,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Alg煤n visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada m谩s.”

Ahora, mi 谩nimo cobraba br铆os,
y ya sin titubeos:
“Se帽or —dije— o se帽ora, en verdad vuestro perd贸n
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os o铆a.”
Y entonces abr铆 de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada m谩s.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanec铆 largo rato, at贸nito, temeroso,
dudando, so帽ando sue帽os que ning煤n mortal
se haya atrevido jam谩s a so帽ar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la 煤nica palabra ah铆 proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronunci茅 en un susurro, y el eco
lo devolvi贸 en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada m谩s.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abras谩ndose dentro de m铆,
no tard茅 en o铆r de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede all铆,
y as铆 penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi coraz贸n llegue un momento el silencio,
y as铆 penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada m谩s!
De un golpe abr铆 la puerta,
y con suave batir de alas, entr贸
un majestuoso cuervo
de los santos d铆as idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran se帽or o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inm贸vil, y nada m谩s.

Entonces, este p谩jaro de 茅bano
cambi贸 mis tristes fantas铆as en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revest铆a.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no ser谩s un cobarde,
h贸rrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cu谩l es tu nombre en la ribera de la Noche Plut贸nica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca m谩s.”

Cu谩nto me asombr贸 que p谩jaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ning煤n ser humano
ha sido antes bendecido con la visi贸n de un p谩jaro
posado sobre el dintel de su puerta,
p谩jaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca m谩s.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunci贸, como vertiendo
su alma s贸lo en esas palabras.
Nada m谩s dijo entonces;
no movi贸 ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
ma帽ana 茅l tambi茅n me dejar谩,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el p谩jaro: “Nunca m谩s.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan id贸neas palabras,
“sin duda —pens茅—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre imp铆o
persigui贸, acos贸 sin dar tregua
hasta que su cantinela s贸lo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron s贸lo esa carga melanc贸lica
de ‘Nunca, nunca m谩s’.”

Mas el Cuervo arranc贸 todav铆a
de mis tristes fantas铆as una sonrisa;
acerqu茅 un mullido asiento
frente al p谩jaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundi茅ndome en el terciopelo,
empec茅 a enlazar una fantas铆a con otra,
pensando en lo que este ominoso p谩jaro de anta帽o,
lo que este torvo, desgarbado, h贸rrido,
flaco y ominoso p谩jaro de anta帽o
quer铆a decir granzando: “Nunca m谩s.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y m谩s, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del coj铆n
acariciado por la luz de la l谩mpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la l谩mpara
¡que ella no oprimir铆a, ¡ay!, nunca m谩s!

Entonces me pareci贸 que el aire
se tornaba m谩s denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos 谩ngeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca m谩s.”

“¡Profeta!” —exclam茅—, ¡cosa diab贸lica!
¡Profeta, s铆, seas p谩jaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e imp谩vido,
a esta des茅rtica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay b谩lsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca m谩s.”

“¡Profeta! —exclam茅—, ¡cosa diab贸lica!
¡Profeta, s铆, seas p谩jaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos t煤 y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Ed茅n
tendr谩 en sus brazos a una santa doncella
llamada por los 谩ngeles Leonora,
tendr谩 en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los 谩ngeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca m谩s.”

“¡Sea esa palabra nuestra se帽al de partida
p谩jaro o esp铆ritu maligno! —le grit茅 presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plut贸nica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profiri贸 tu esp铆ritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi coraz贸n
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca m谩s.”

Y el Cuervo nunca emprendi贸 el vuelo.
A煤n sigue posado, a煤n sigue posado
en el p谩lido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que est谩 so帽ando.
Y la luz de la l谩mpara que sobre 茅l se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podr谩 liberarse. ¡Nunca m谩s!







Comentarios